La «Doncella de Hierro» nunca fue utilizada por la Inquisición Española

Cuando se visita algunos de los museos que pueblan algunas ciudades españoles que muestran supuestos aparatos de tortura empleados por la Inquisición, uno de los aparatos de tortura que suele enseñarse es la famosa “Doncella de Hierro”: un ataúd o sarcófago con forma de mujer y relleno de clavos en donde supuestamente se introducía el reo para que confesara sus delitos.

El empleo de la tortura, como bien saben aquellos que se han acercado al interesante tema de los procesos judiciales que se llevaban a cabo en toda Europa antes del siglo XIX era generalizada y buscaba la confesión del investigado. Y no es cuestión de que ahora nos rasguemos las vestiduras en nuestros días. Esa era la idea que tenían nuestros antepasados de como se tenía que conseguir la confesión del presunto culpable, que evidentemente, se declaraba culpable para evitar un mayor sufrimiento en numerosas ocasiones.

Pues bien, el aparato llamado “Doncella de Hierro” nunca fue empleado por la el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición principalmente por dos motivos:

En primer lugar porque, como en todos los tribunales de la época, el proceso inquisitorial buscaba la confesión del investigado y como hemos dicho anteriormente, para ello utilizaban la tortura. Ahora bien, si hubieran empleado la “Doncella de Hierro”, el investigado hubiera muerto al primer envite.

En segundo lugar porque la “Doncella de Hierro” que se expone en esos museos, por ejemplo en el museo que existe en Toledo, se trata de falsificaciones. La “Doncella de Hierro” nunca existió.Seguramente se trate de una interpretación de llamada “capa de la infamia” que tampoco fue utilizada por la Inquisición, sino para castigar en Alemania a cazadores furtivos y prostitutas: se trataba de una especie de vestido de madera y latón que el condenado debía llevar durante el cumplimiento de su pena y que no tenía clavos en su interior.

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